“Los tratamos como parias y los empujamos fuera de nuestras comunidades. Nos hacen dudar de que ellos también son Hijos de Dios y esto está cerca de ser una blasfemia. Los culpamos por ser lo que son”
“No puedo imaginar al Señor que yo adoro, este Jesucristo, estando de acuerdo con la persecución de una minoría que ya está siendo perseguida. El Jesús que yo adoro es un Jesús que estuvo siempre al lado de los que eran castigados y se metió en problemas debido precisamente a ello”
Desmond Tutu, nacido en Sudáfrica en 1931 fue el primer Arzobispo de Cape Town por la Iglesia Anglicana de Sudáfrica. Religioso y activista social, sus posiciones en la lucha contra el SIDA entre otras enfermedades, la pobreza, el racismo, la discriminación de la mujer y la homofobia le han hecho merecedor de diversos premios internacionales. Sus discursos, sus libros publicados, de los que he extraído estos textos y sus pensamientos, provienen de un hombre que fue educado en un hogar humilde en un país en que vivió, desde los 12 años, el infierno de ser discriminado por ser negro en Africa.
Luchador fervoroso en contra de los abusos de un desigualitario sistema económico y la corrupción política, acusado como ‘hombre escandaloso’ por ser inconvenientemente humanista para los más poderosos, Tutu posee el verbo de un hombre que ha conocido en vivo el dolor de los desterrados y la vergüenza ajena de aquellos que se han cruzado de brazos ante semejante destierro. No hace falta redundar en quién, desde el conocimiento del dolor, expone un discurso más afortunado.
Fuente: AmbienteG

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