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| [Portada "El cuento de la isla desconocida] |
El capitán vino, leyó la tarjeta, miró al hombre de arriba abajo y le hizo la pregunta que al rey no se le había ocurrido:
- ¿Sabes navegar, tienes carnet de navegación?
- Aprenderé en el mar.
- No te lo aconsejaría, capitán soy yo, y no me atrevo con cualquier barco.
- Dame entonces uno con el que pueda atreverme, no, uno de ésos no, dame un barco que yo respete y que pueda respetarme a mí.
- Ese lenguaje es de marinero, pero tú no eres marinero
- Si tengo el lenguaje, es como si lo fuese.
El capitán volvió a leer la tarjeta del rey, después preguntó:
- ¿Puedes decirme para qué quieres el barco?
- Para ir en busca de la isla desconocida
- Ya no hay islas desconocidas
- Lo mismo me dijo el rey
- Lo que él sabe de islas lo aprendió conmigo.
- Es extraño que tú, siendo hombre de mar, me digas eso, que ya no hay islas desconocidas, hombre de tierra soy yo, y no ignoro que todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas.
- Pero tú, si bien entiendo, vas a la búsqueda de una donde nadie haya desembarcado nunca.
- Lo sabré cuando llegue...
- Si llegas...
- Sí, a veces se naufraga en el camino, pero si tal me ocurre, deberás escribir en los anales del puerto que el punto adonde llegué fue ése.
- Quieres decir que llegar, se llega siempre.
- No serías quien eres si no lo supieses ya.
[El cuento de la isla desconocida. José Saramago]