Tienes razón, parece que la inspiración siempre se va con los buenos tiempos. Cuando tenemos todo de cara y no tenemos mierdas que sacar de dentro parece que entonces no hay palabras para hablar de lo bueno… y eso está mal, muy mal. Porque lo bueno también se merece ser reflexionado y por qué no, también reflejado en algo más que una sonrisa. Los buenos tiempos traen consigo cambios, cambios muy importantes, tan importantes como aquellos que sufrimos cuando hemos tenido una mala experiencia, una ruptura amorosa o cualquier cosa que queramos considerar mala en nuestra vida. Y esos, también hay que explicarlos.
A día de hoy puedo decir que estar contigo me ha hecho aprender muchísimo sobre las relaciones entre las personas, de todos los tipos, pero me quiero centrar en lo que me ha traído estar contigo, junto a ti, después de todo este tiempo. Como Acuariana incorregible siempre anclada en ese deseo de libertad me gustaría por un momento reflexionar sobre lo que me ha traído estar anclada a ti y como hemos conseguido día a día hacer de nuestra relación algo que nunca creí conseguir ni concebir: y es esta sociedad de dos (que no de uno) lo que junto a ti he podido descubrir sin renunciar a mis principios. Principios que se transforman en otros. Más sanos, más sensatos y más reales.
Ayer me hicieron llegar por fin con palabras más que técnicas y con explicaciones minuciosas lo que hasta ahora he intentado tanto tiempo explicar. Y ya ves tú, a fin de cuentas, se resumía en dos expresiones: Sawabona-Shikova. Me gustaría compartirlo aquí.
“Las relaciones afectivas también están pasando por profundas transformaciones y revolucionando el concepto de amor. Lo que se busca hoy es una relación compatible con los tiempos modernos, en la que exista individualidad, respeto, alegría y placer por estar juntos, y no una relación de dependencia, en la que uno responsabiliza al otro de su bienestar. La idea de que una persona sea el remedio para nuestra felicidad, que nació con el romanticismo, está llamada a desaparecer en este inicio de siglo. El amor romántico parte de la premisa de que somos una parte y necesitamos encontrar nuestra otra mitad para sentirnos completos. Muchas veces ocurre hasta un proceso de despersonalización que, históricamente, ha alcanzado más a la mujer.
La palabra de orden de este siglo es asociación. Estamos cambiando el amor de necesidad, por el amor de deseo. Me gusta y deseo la compañía, pero no la necesito, lo que es muy diferente. Con el avance tecnológico, que exige más tiempo individual, las personas están perdiendo el miedo a estar solas y aprendiendo a vivir mejor consigo mismas. Ellas están comenzando a darse cuenta de que se sienten parte, pero son enteras. El otro, con el cual se establece un vínculo, también se siente una parte, no es el príncipe o salvador de ninguna cosa, es solamente un compañero de viaje.
El hombre es un animal que va cambiando el mundo, y después tiene que irse reciclando para adaptarse al mundo que fabricó. Estamos entrando en la era de la individualidad, que no tiene nada que ver con el egoísmo. El egoísta no tiene energía propia; él se alimenta de la energía de los demás, sea financiera o moral. La nueva forma de amor, o más amor, tiene nuevo aspecto y significado. Apunta a la aproximación de dos enteros, y no a la unión de dos mitades. Y ella sólo es posible para aquellos que consiguieron trabajar su individualidad. Cuanto más capaz sea el individuo de vivir solo, más preparado estará para una buena relación afectiva.
La soledad es buena, estar solo no es vergonzoso. Al contrario, da dignidad a la persona. Las buenas relaciones afectivas son óptimas, son muy parecidas con estar solo, nadie exige nada de nadie y ambos crecen. Relaciones de dominación y de concesiones exageradas son cosas del siglo pasado. Cada cerebro es único. Nuestro modo de pensar y actuar no sirve de referencia para evaluar a nadie. Muchas veces pensamos que el otro es nuestra alma gemela y, en verdad, lo que hacemos es inventarlo a nuestro gusto.
Todas las personas deberían estar solas de vez en cuando, para establecer un diálogo interno y descubrir su fuerza personal. En la soledad, el individuo entiende que la armonía y la paz de espíritu sólo se pueden encontrar dentro de uno mismo, y no a partir de los demás. Al percibir esto, él se vuelve menos crítico y más comprensivo con las diferencias, respetando la forma de ser de cada uno. El amor de dos personas enteras es el bien más saludable. En este tipo de unión, está el abrigo, el placer de la compañía y el respeto por el ser amado. No siempre es suficiente ser perdonado por alguien. Algunas veces hay que aprender a perdonarse a si mismo…”
Contigo he aprendido a perdonarme a mi misma. A reinventar cada día algo nuevo para que nuestra sociedad de dos no deje de ser eso, una sociedad de dos. En otro tiempo hubiera aceptado la rutina o me hubiera conformado con lo que hay o hubiera terminado asumiendo que simplemente, no estabamos hechas la una para la otra… Hubiera buscado todos los motivos para convencerme de por qué no podía funcionar, o hubiera afrontado situaciones aferrándome a mis principios porque eran eso, mis principios y esos no se podían cambiar. Pero contigo no, porque contigo empecé justo cuando descubrí mi perdón.
Porque contigo he descubierto que es tan fácil como cambiar un mueble de color, poner una estantería nueva o una foto nueva en un marco antiguo. Mi comparación vendría a ser algo así: Te gusta tu casa, estás feliz en ella pero llega un día en qué no le ves nada especial, siempre todo en el mismo sitio, intacto, inmóvil, estancada en un día a día…. y entonces un día sin saber cómo, no te sientes a gusto en ella. No te dice nada…. ¿Vas a cambiar de casa? Pero y si en vez de eso… ¿Has probado en cambiar los muebles de sitio? ¿en poner un cuadro nuevo a esa pared tan blanca? ¿o comprar un mueble nuevo?. Piénsalo, en realidad a todos nos pasa, que simplemente con hacer un pequeño cambio luego no podemos dejar de observar ese cambio como algo fascinante y bonito, de repente nos hace sentirnos a gusto, felices… nos hace encontrarnos otra vez con esa casa, nos vuelve a decir lo que hasta hacía un momento no era más que silencio. Y entonces se vuelven a llenar las habitaciones con el sonido de las sonrisas.
Quiero reinventar esta casa contigo todas las veces que haga falta. Sin contratos ni compromisos. Solo con la absurda esperanza de que siempre sabremos cuando ha llegado el momento de ir al Ikea a por un mueble nuevo.
Te quiero mi morena, el hasta cuándo y cómo, lo ponemos nosotras.
*SAWABONA es un saludo usado en el sur de África y quiere decir: “Yo te respeto, yo te valoro y tú eres importante para mí”. Como respuesta las personas dicen: SHIKOBA: “Entonces yo existo para ti”.
[Flavio Gikovate-Laru]