13/11/10

No todo está perdido

El sábado me pase viendo la televisión con mi sobrina toda la mañana, de esas mañanas que una se levantaba después de una dura semana de colegio deseando que llegase ese momento para hacerse amo y señor del sofá y sobretodo… del mando. Dónde durante unas horas la televisión deja de emitir imágenes de noticias dolorosas, política sin sentido, programas del corazón hasta en la sopa y ciertos concursos que no son concursos. Durante unas horas serán dibujos animados, series juveniles y anuncios a modo bombardeo de juguetes y más juguetes y más juguetes…

La verdad es que viendo los anuncios de juguetes me he dado cuenta de que hasta en eso también vamos a la baja, he visto unos cuántos a los cuales todavía no le he encontrado ni el sentido ni la diversión. Podría pensar que es porque ya soy mayor y no tengo ojos de niña, pero aún así, por mucho que lo intente, sigo sin verles “el qué”.

Entre estos anuncios apareció uno llamado “Videodiario digital”, en fin, como indica su nombre, es una especie de diario personal pero a la era electrónica, dónde el diario te habla, tienes una pantalla, le cuentas tus cosas, tienes un caballo para cuidar (joder, con el tópico del caballo) y hasta puedes ir de compras! Vamos, que no le faltaba detalle… El problema es que tiene una pinta de ser como estos ordenadores infantiles que usaba mi sobrina cuando tenía 4 años. Así que aprovechando que estos días estamos tratando el tema del dinero y del “consumismo” (mi sobrina pide la Paz Mundial y repartir todo el dinero para que no existan ricos ni pobres) le he dicho que pensaba que ese “juguete” no era para nada productivo ni educativo ni divertido.

El por qué es fácil intuir. Es mucho más educativo escribir el tuyo con un libro en blanco y un bolígrafo en mano, porque no se debe perder el arte de escribir con nuestras manos. Escribir desde el pensamiento, el sentimiento, la razón o la no tanta razón…

No es lo mismo decirle a una maquinita que has estado en un concierto inolvidable que guardar entre las páginas de ese diario de papel la entrada rasgada de ese concierto para siempre, o una fotografía, un papel de servilleta en una cena con una persona especial, un ticket de una gasolinera en una escapada improvisada, un billete de avión a unas vacaciones memorables… y así un largo etcétera.

Son momentos, vivencias, hechos y sueños. Yo ya tengo tres.

Me ha dicho que para estas Navidades le regale un libro en blanco, quiere empezar el suyo.

También le pienso regalar el bolígrafo. No todo está perdido.

[Laru]

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