Hasta Eva que andaba desnuda vestía su propia armadura oxidada... una hoja de parra.
Una Eva que aún naciendo mil veces escogería siempre volver a comerse la manzana.
Una Eva tan osada que se comería la manzana a bocados delante de la mismísima persona que se la hubiera prohibido.
Una Eva... que aún sin Adán y sin paraíso, sigue siendo Eva.
[LoKura. Un corazón equilibrista]

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