19/1/12

Quiero azúcar

Hay días malos, muy malos. Muchos dicen que en esos días uno no debería haberse levantado de la cama. Pero yo no me refiero a esos días. Yo me refiero a esos que aunque te hubieras quedado bajo la montaña de mantas, nada ni nadie hubiera evitado que ese día hubiera seguido siendo malo, muy malo. Precisamente porque no debe sucederte nada como para que lo sea. No hace falta que llueva, o que te parta un rayo, o que te des un golpe en un pie... ni si quiera hace falta que alguien venga a joderte el día, tú solito a lo "yo me lo guiso y yo me lo como". Fácil y gratuito. Ambas cosas. El orden de los factores no altera el producto.

Lo peor de esos días es cuando sientes rabia. Cuando quieres gritar y no puedes. Cuando quieres llorar y no puedes. Cuando quieres romper cosas, tirarlo todo por el suelo. Por eso, aquí me quedo, desahogándome con el lápiz y el papel, y tragándome toda la rabia que hoy siento por dentro. Tirita y esparadrapo. Cuando cesa la impotencia vomito un montón de sentimientos como si tuviera el alma borracha. Tocarme a mi misma mi propio orgullo, para sentirme ridícula y así remontar… Es lo que tengo, me hundo y remonto con la misma facilidad. Si es bueno o no, ya no importa. En las montañas rusas tampoco tenemos tiempo para pararnos a pensar.

Una no se viste con la sonrisa todos los días, a fin de cuentas, tarde o temprano el traje se mancha en algún momento o se rasga directamente. Dicen que esta sensación es como tener un agujero en el alma, da igual cuanto trates de llenarla, se escapa por los dedos como cuando intentas retener el agua en tus manos. Reconozco que he intentado coser el agujero en lugar de llenarlo pero no encuentro donde está el roto exactamente, o quizás el roto va cambiando. Así voy cada día probando, dando pequeñas puntadas. Cuando despierte saldrá el sol (siempre amanece) y posiblemente tenga un parche mal cosido en el alma. Yo, morena, mi alma de lunares, el corazón de plastilina.

Un día raro, cierro la puerta tras de mi, me quito los zapatos, me quito la ropa, y así desnuda ando descalza hasta la lavadora, me meto dentro, me centrifugo y ahogo cualquier pensamiento absurdo en un bostezo. No quiero beberme la vida con más sorbos de sacarina. Quiero azúcar.

Y entonces apareces tú. Solo ha bastado un trocito de ti al otro lado sin yo llamarte, para hacerme sonreír como tú sabes, como solo tú puedes hacerlo. Entonces tú me mandas soles y más soles, y pienso que si te importo me vale. Aún en el fondo somos dos calcetines impares, olvidados en el fondo de un cajón.

Que bonito es saber de ti, ya lo sabes.

[Laru&Lokura]


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