18/1/13

La ciudad



A veces la ciudad, nuestra ciudad, se convierte en un desierto vibrante. Un lugar que parece arrasado, agotado. Que introduce su silencio obligatorio hasta nuestra garganta y nos asfixia. La ciudad, nuestra ciudad, parece apartarnos de su lado, dejarnos fuera del camino. Expulsados. Sin aliento y sin respiración. Lejos de todo. Cerca de nada. Pero tú ya puedes esforzarte, amigo, admirado. Porque estás lejos de estar lejos de todo. Y más aún, de estarlo de nada. Y mejor no te molestes en taparme cuando llueve. Son las goteras de mi cabeza las que le provocan humedades al corazón.

[La Mala de la Película]

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