"Y ya lo ves, pasan los años
dejando huellas al pasar
nuestro amor es imposible
tú eres pez de río, yo soy pez de mar"
[José-Farolero]
Tu cuerpo húmedo por el agua salada y con vestigios de arena, parecía emitir resplandores. Tu hermoso cabello dorado caía desordenadamente sobre tus hombros. Me acerqué a ti para besar tu boca largamente y así seguir por el camino descendente hacia tu cuello y después tu pecho. Seguí descendiendo, mi boca sedienta probó las mieles de tu excitación mezcladas con un extraño sabor a sal. Para entonces ya no había control de cuerpos ni de mentes. Mi cuerpo se unió al tuyo para habitar en las profundidades de tu ser, siguiendo un movimiento ondulante de olas en alta mar. Éramos un volcán naciente en el lecho marino, lava hirviente que se derrama en el océano (...)
Pues sí... desde aquella noche el mar ya no es igual. Si le percibes con todos tus sentidos te darás cuenta que aun conserva la tibieza que arrancó de tu cuerpo excitado. El sabor salado del sudor que febrilmente destilabas por cada poro. Desde esa noche adquirió la profundidad de tu mirada y en la espuma de las olas la blancura de tu piel. En la brisa que se levanta con el viento de la tarde se percibe el delicado perfume que robó al diluir ese exquisito néctar derramado por tu pasión. En las puestas de sol, ese abanico de dorados que resplandece en tu cabello. Pero al caer la noche, la música de olas que revientan envuelve el eco de aquellos suspiros y gemidos de placer.
Gracias a ti, el mar ahora ejerce sobre mí esa doble fascinación. Ya no es solo la inmensidad la que me atrae. Ahora sé que tu vives en el mar y que estás presente en cada una de las gotas de agua que lo integran. Ahora meterme al mar es recordar aquella noche... Es otra forma de hacer el amor contigo.
[Quique Gavilán]

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