El gesto más absurdo, el más espontáneo, el que se encuentra por casualidad, al que te invita el instinto. El que muestra un camino, el que empieza en una mano dónde cogerte y termina en un hombro dónde apoyarte.
¿Nunca os ha pasado estar rodeada de una marea de gente sin ver ni si quiera quién hay alrededor? Sí, uno de esos momentos en los que no sabes dónde mirar, dónde ir ni cómo se hacía eso de respirar. Es como estar en medio del mar, más bien bajo él… y de repente, necesitas salir a flote… pero no sabes hacía dónde, ni cómo ni cuando. Es una aparente oscuridad.
Entonces, alguien te regala ese gesto, simplemente por qué lo vió o porque lo intuyó con una mirada. Te ofrece su mano y te saca de allí nadando. Valiente, compañera y amiga.
Todo lo demás una vez fuera, es simplemente un boca a boca de palabras y mucha agua que sacar de unos pulmones inundados de verdad. Lo que no me escuché decir pero si sentir. Lo que no me atreví a contar pero si a pensar. Y ahí solo estamos, tu y yo, mi verdad, un final por escribir y un cuento que continuar.
[Laru 24/08/09]

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